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El cuerpo es el escenario de nuestros conflictos |
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El cuerpo humano ha sido desde siempre un gran enigma para el hombre. Diversos interrogantes han sido planteados a lo largo de la historia y se han ido obteniendo diferentes respuestas. Pero a pesar de que la medicina y la biología, como disciplinas, avanzaron a un ritmo vertiginoso en los últimos tiempos todavía no logran acotar un tema tan complejo como este.
¿Cómo funciona nuestro cuerpo? ¿Por qué un cuerpo sano enferma? Estas cuestiones no forman parte, en general, de nuestras preocupaciones diarias. No nos resulta necesario anoticiarnos del funcionamiento interno de nuestros órganos hasta el momento en que alguno de ellos enferma. Cuando esto sucede acudimos al médico a que nos de una respuesta respecto de lo que nos está pasando y nos brinde una solución a nuestro padecimiento. El problema se presenta cuando luego de varios estudios nos encontramos con que nuestra enfermedad no responde a una causa orgánica que la justifique o que si bien es posible hablar de factores orgánicos estos no son suficientes para dar cuenta de la causa de aparición de la misma. Probablemente se nos explique que lo que nos sucede es debido al estrés (tan de moda en nuestros tiempos) y hasta incluso se nos medique con algún psicofármaco conocido.
El cuerpo, para el psicoanálisis, es algo muy distinto al organismo estudiado por otras disciplinas. Desde el nacimiento es atravesado por el lenguaje, y esto no es sin consecuencias. En el mismo momento en que se produce la estructuración psíquica el sujeto construye a partir de representaciones un cuerpo unificado. Son esas representaciones las que resultan eficaces para producir un síntoma. Freud en su estudio acerca de las parálisis histéricas en comparación con las parálisis orgánicas notó que los síntomas provocados por factores psicológicos, a diferencia de los provocados por factores orgánicos, ignoran totalmente las leyes de la anatomía. Lo que se paraliza del brazo, en el primer caso, es la representación que el sujeto tiene del mismo sin que se encuentren comprometidos los nervios que provocarían una parálisis orgánica, ya que el sujeto desconoce su existencia.
Si bien los síntomas más frecuentes cambian según lo que exija a sus protagonistas cada momento histórico (por ejemplo los trastornos de alimentación como la bulimia o anorexia responden a los cánones de belleza actuales) las posibilidades son innumerables porque dependen de la singularidad de cada sujeto.
Muchas veces el cuerpo se ofrece como un espacio de escritura de diversas cuestiones o conflictos que no nos resultan posibles de tramitar por otra vía. Según Freud el síntoma es una formación del inconsciente como lo son los sueños y los actos fallidos y por ello permanece oscuro para nosotros el sentido de los mismos. De lo único que nos enteramos es del padecimiento que nos provoca. No sólo a nivel orgánico sino que también en algunas oportunidades representan un obstáculo para nuestras relaciones interpersonales o laborales o simplemente para nuestro objetivo de vivir mejor.
Lo que un análisis ofrece en estos casos es un espacio de escucha donde por medio de la palabra se pueda desplegar el sentido singular del síntoma. Para que, de esa manera, sea posible interrogar, desarmar este sentido y darle un tratamiento diferente que le ahorre al sujeto el sufrimiento que le provoca el hecho de que su cuerpo sea el escenario de sus conflictos.
Fuente: http://www.psicoredes.com.ar/notas/cuando-el-cuerpo-es-el-escenario-de-nuestros-conflictos.html
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